Torres Blancas

Uno de los edicios más carismáticos de Madrid. Y el edicio de los bulos, por que… ni son torres, ni son blancas.

El bulo más extendido es que originalmente iban a ser blancas pero que no había dinero para el cemento blanco o el supuesto mármol del que iba

recubierto. Pero no, parece que la idea fue siempre el hormigón visto y según una entrevista al hijo de Oíza, arquitecto de este edicio, en El País: «El

hormigón visto estuvo siempre en el origen del proyecto, se bautizaron Blancas en honor a las pinturas y el purismo de Le Corbusier»

(https://elpais.com/diario/2010/01

/18/madrid/1263817466_850215.html ). Hay quien incluso quiere ver restos de lo que hubiera sido el soporte para el

mármol, pero hagamos caso al hijo del arquitecto que algo sabrá.

El segundo, el más evidente: por qué «Torres» si sólo hay una. Pues esto no fue por falta de dinero, como

se dice, sino por las pegas del ayuntamiento, que no se atrevió a dar licencia para dos torres ante la

complejidad de la construcción.

El último bulo, que la constructora se arruinó y pagó al arquitecto con pisos, es bastante más fácil de

contrastar: la constructora Huarte siguió existiendo después de construir el edicio (al menos hasta el año

1985 cuando fue vendida) y, aunque efectivamente, Sáenz de Oíza recibió como parte del pago un piso en

propiedad, era una práctica habitual en la época. Y digo que es fácil de ver que esto es un bulo porque

Huarte, el dueño de la constructura, era un millonario que se tomó este edicio como una labor de

mecenazgo, incluso regaló o cedió un piso a Camilo José Cela.

El edicio es una maravilla para la vista, y su arquitectura

orgánica no deja indiferente. Está organizada con forma de

trébol o esvástica y construida mediante unión de círculos. La idea era que creciera orgánicamente, como un

árbol, recorrido verticalmente por escaleras, ascensores e instalaciones, como si fueran los vasos leñosos del

árbol y con las terrazas curvas agrupadas como si fuesen las hojas de las ramas.

Pero no sólo los pisos estaban pensados para tener grandes terrazas circulares que fueran jardines, sino que en la azotea también se incluyó una zona

común con una piscina curva y un restaurante, que servía comida a todo el edicio y la hacía llegar mediante montacargas directamente a los hogares.

Pese a todo tampoco a todo el mundo le gustó y las críticas de sus inquilinos respecto a la dicultad para amueblar un piso con paredes curvas son lo

más extendido. También el ruido de las carreteras que lo rodean y que muchos vecinos cerraron las terrazas sin seguir las indicaciones que dejó el

arquitecto, consiguiendo un batiburrillo de estilos en el edicio.

De Sáenz de Oíza no será la última vez que hable, ya que tengo pendiente traer aquí el edicio del banco de Bilbao, otra maravilla recientemente

convertido en BIC.

Ah y para acabar el último bulo: se dice que John Malkovich tiene un piso en el edicio.