Pocos edificios son tan reconocibles en el istmo de Guanarteme como el actual Edificio Woermann. Con su silueta irregular, su volumen fragmentado y esa característica coronación inclinada que rompe el skyline de la ciudad, se ha convertido en uno de los grandes hitos visuales del Puerto y Las Canteras. Su peculiar forma —que parece descomponerse en distintos prismas apilados— le da un carácter muy distinto al de otras torres de la ciudad y lo convierte en un protagonista absoluto del paisaje urbano del istmo.
Pero mucho antes de esta torre de vidrio y hormigón, este mismo solar acogió uno de los edificios industriales y portuarios más importantes de Las Palmas de Gran Canaria: la antigua Casa Woermann.
Su historia está íntimamente ligada al nacimiento y crecimiento del Puerto de La Luz. A comienzos del siglo XX, la naviera alemana Woermann Linie instaló en la ciudad su sede y consignataria para atender a los barcos alemanes que hacían escala en Canarias rumbo a África y Sudamérica. El puerto era entonces un punto estratégico de repostaje de carbón, suministro y reparación para el tráfico marítimo atlántico, y compañías británicas y alemanas competían por dominar esa actividad.
La Casa Woermann se estableció en torno a 1906, ocupando una gran parcela de la calle Albareda, en pleno istmo de Guanarteme. No era un simple edificio de oficinas: funcionaba como una auténtica infraestructura portuaria, con despachos administrativos, almacenes, talleres y espacios logísticos ligados a la actividad marítima. El conjunto, de marcada arquitectura industrial y comercial, se convirtió en uno de los hitos urbanos del barrio del Puerto y en símbolo de la influencia económica alemana en la ciudad. Tengamos en cuenta que la anchura del itsmo era en este momento la mitad de la actual y el edificio permitía la carga de mercancias directas de los barcos, como puede apreciarse en las imagenes históricas.
Durante gran parte del siglo XX la empresa desempeñó un papel importante en la economía portuaria de la isla, aunque con el paso de las décadas el edificio fue perdiendo actividad. Desde los años setenta y ochenta comenzó su deterioro progresivo hasta quedar prácticamente abandonado. Pese a figurar en el catálogo municipal de protección por su valor histórico y arquitectónico, el inmueble acabó declarado en ruina.
En marzo de 1997 comenzó su demolición, en una actuación muy polémica (se permitió su ruina, lo que facilitó su desprotección, y posteriormente se demolió por la noche y sin aviso) que generó un intenso debate ciudadano sobre la conservación del patrimonio histórico de la ciudad. La desaparición de la Casa Woermann supuso también la pérdida de uno de los grandes testimonios materiales del pasado industrial y portuario de Las Palmas.
Tras varios años en los que el solar funcionó como aparcamiento provisional, el Ayuntamiento impulsó un concurso para transformar el espacio. El nuevo complejo Woermann comenzó a construirse en 2001 y fue inaugurado en 2005, diseñado por Ábalos & Herreros junto a Joaquín Casariego y Elsa Guerra. Frente al carácter industrial y horizontal del edificio original, el nuevo Woermann apostó por la verticalidad, el vidrio y los usos mixtos —vivienda, oficinas, biblioteca y comercio— consolidándose como uno de los símbolos de la transformación contemporánea del istmo.
Esa era la teoría, la realidad fue que ni la biblioteca ni la zona comercial se llegaron a instalar y entre subastas y permutas se instalaron en su lugar oficinas de Hecansa y Unelco. (Link a la noticia)
La Torre Woermann nunca ha dejado indiferente: para muchos es, como hemos dicho, un icono del skyline capitalino, mientras otros siguen viendo en él un edificio desproporcionado y ajeno al entorno. Su construcción estuvo rodeada de polémicas urbanísticas, críticas a la gestión y voces vecinales que reclamaban una zona verde o una intervención menos agresiva con el paisaje del istmo.
Fotos del portfolio de Ábalos & Herreros














