La calle Perojo es una de las principales consecuencias urbanísticas del ensanche de Las Palmas de Gran Canaria a finales del siglo XIX, cuando la ciudad comenzó a expandirse más allá de las antiguas murallas ocupando las huertas y terrenos agrícolas que rodeaban el casco histórico.
En ese nuevo espacio urbano, la burguesía local levantó viviendas y edificios representativos con los que reflejar el crecimiento económico y social que experimentaba la ciudad en plena expansión comercial vinculada al Puerto de La Luz.
El responsable de buena parte de esa planificación fue Laureano Arroyo, arquitecto municipal desde 1888, encargado tanto del diseño del ensanche como de numerosos edificios residenciales de la nueva ciudad. Entre ellos se encuentra esta vivienda construida en 1904, una de las primeras realizadas por Arroyo en la calle Perojo y, concretamente, la segunda que proyectó en esta vía.
Como muchas construcciones de la época, el edificio presenta una rica ornamentación de carácter ecléctico, combinando elementos clásicos con detalles decorativos modernistas. Destacan especialmente las cabezas femeninas ornamentales integradas en la fachada, recurso muy habitual en la arquitectura burguesa de comienzos del siglo XX.
La calle Perojo conserva todavía hoy algunos de los mejores ejemplos de esa arquitectura residencial del ensanche, convirtiéndose en uno de los conjuntos urbanos más interesantes del centro histórico capitalino.






