Hotel Metropole

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¿Metropole o Metropol? ¿Fue solo un club de natación? ¿Por qué las oficinas municipales de León y Castillo parecen un hotel?

El nombre correcto es Hotel Metropole, aunque con el paso del tiempo en muchos lugares se ha usado también la forma abreviada Metropol. Antes de convertirse en oficinas municipales, fue uno de los hoteles más importantes de Las Palmas de Gran Canaria durante la primera mitad del siglo XX y, además, está en el origen del actual Club Natación Metropole. El edificio actual figura en el registro de DOCOMOMO como obra de Miguel Martín-Fernández de la Torre, fechada entre 1960 y 1961, con uso original hotelero y dirección en la calle León y Castillo, 270.

La historia del Metropole no se entiende sin el turismo británico de finales del siglo XIX y principios del XX. Tras décadas de relaciones comerciales entre Canarias y las Islas Británicas, numerosos empresarios ingleses afincados en el Archipiélago impulsaron un nuevo negocio: el turismo de salud y descanso. El clima de Gran Canaria, recomendado por médicos para aliviar distintas afecciones, atrajo a visitantes de las clases acomodadas británicas que buscaban invierno suave, mar y tranquilidad. No venían precisamente a sufrir; para eso ya tenían la niebla de Londres.

En ese contexto, la antigua carretera que unía Las Palmas con el Puerto de La Luz —actual calle León y Castillo— empezó a llenarse de villas, casas de recreo y alojamientos destinados a la colonia extranjera. En 1889, el súbdito británico James Pinnoch solicitó licencia para construir una casa de recreo, diseñada por Laureano Arroyo. Aquella vivienda se transformó pronto en el primer Hotel Metropole, que fue ampliándose con nuevas dependencias, cocinas, habitaciones y alas añadidas. En esas reformas participaron algunos de los arquitectos más relevantes de la ciudad, como Fernando Navarro y Eduardo Laforet.

Con el paso de los años, el hotel cambió de propietarios y también de aspecto. El Ayuntamiento adquirió el inmueble en torno a 1940 y el edificio fue reconstruido y reformado para mantener su uso hotelero. Más adelante, Miguel Martín-Fernández de la Torre intervino en el inmueble, dando forma al edificio moderno que ha llegado hasta nuestros días. En 1977, las oficinas municipales se trasladaron desde las Casas Consistoriales de Vegueta hasta este edificio de Ciudad Jardín.

El Metropole también tuvo una importancia decisiva para la natación canaria. Su piscina, inicialmente de 20 metros, fue una de las primeras de estas características en la isla y sirvió como sede de entrenamiento del Club Natación Metropole, fundado en los años treinta. El propio club reconoce que tomó su nombre del hotel, cuya piscina fue cedida para la práctica deportiva. Tras los éxitos de la natación canaria, aquella piscina se amplió hasta los 25 metros reglamentarios y llegó a ser conocida como el Lido Metropole.

Cuando el hotel dejó atrás su función turística y el edificio pasó a destinarse a oficinas municipales, la piscina desapareció y en su lugar se construyó el aparcamiento actual. El club tuvo entonces que buscar una nueva ubicación, lo que acabaría desembocando en la construcción de sus instalaciones actuales en terrenos ganados al mar, frente a la zona de los Salesianos.

Conviene recordar, además, que el paisaje urbano de la zona era muy distinto al actual. La parte trasera del antiguo hotel daba hacia la desaparecida playa de Santa Catalina, en un entorno que hoy asociamos al Parque Romano y a Ciudad Jardín. Donde ahora vemos tráfico, oficinas y aparcamientos, hubo playa, terrazas, piscina y huéspedes británicos tomando el sol con una formalidad peligrosamente victoriana.

Entre sus visitantes ilustres destacó Agatha Christie, que se alojó en el Metropole durante su estancia en Gran Canaria en 1927, acompañada por su hija y su secretaria. La ciudad, el clima y el ambiente internacional del hotel dejaron huella en su obra, hasta el punto de que una de sus novelas menciona el Metropol y algunos relatos incorporan referencias a las islas.

Así que no: el Metropole no fue solo el origen de un club de natación. Fue también un símbolo del primer turismo británico en la ciudad, una pieza destacada de la arquitectura moderna de Las Palmas de Gran Canaria y un raro superviviente de aquella época en la que Ciudad Jardín miraba al mar con vocación de balneario, hotel y escaparate internacional.

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