Paseando por el barrio de Alcaravaneras, en el número 51 de la calle Luis Antúnez, sorprende encontrar este singular edificio industrial, aparentemente fuera de escala por la estrechez de la vía, la presencia del edificio José Antonio frente a él y el aparcamiento al que hoy aparece adosado. Se trata de lo que aún se conserva de la antigua fábrica de tabacos La Flor Isleña.
La empresa fue fundada por el empresario Santiago Gutiérrez Marín, figura destacada de la industria tabaquera grancanaria. En 1905 abrió una fábrica de cigarros puros que pronto alcanzó notable éxito comercial, llegando incluso a exportar producción hacia Sudamérica. Con el crecimiento del negocio decidió levantar unas nuevas instalaciones en la expansión urbana de Arenales, y con el paso del tiempo la producción se orientó principalmente hacia los cigarrillos comercializados bajo la marca “Cumbre”.
El edificio fue diseñado por Miguel Martín-Fernández de la Torre, uno de los máximos exponentes del racionalismo arquitectónico en Canarias. El proyecto se organizaba en torno a un gran patio central cubierto alrededor del cual se distribuían las distintas dependencias fabriles en dos plantas. La fachada principal llegó a plantearse en dos versiones diferentes, aunque finalmente se ejecutó la alternativa de mayor altura y monumentalidad.
La fábrica quedó terminada en 1937, pero el conjunto original sufrió profundas transformaciones posteriores. Actualmente solo se conserva la fachada y la primera crujía del inmueble, ya que el resto fue demolido para permitir la construcción de un aparcamiento y varios locales comerciales. En los últimos años, la parte conservada del edificio ha sido rehabilitada para albergar un hostel y otros usos vinculados al sector turístico.
Pese a las alteraciones sufridas, la antigua fábrica de La Flor Isleña continúa siendo uno de los ejemplos más interesantes de arquitectura industrial racionalista conservados en Las Palmas de Gran Canaria.













