Talleres Palermo

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Antes de pasar a hoteles, gastrobares y coworkings, Guanarteme fue un barrio de talleres, almacenes, pequeñas industrias y solares abiertos entre la playa y las huertas. Y quizá pocos lugares reflejan mejor esa mezcla entre patrimonio industrial y nuevos usos urbanos que Talleres Palermo, un espacio donde hoy se puede tomar una cerveza, asistir a un concierto o trabajar rodeado de maquinaria antigua, muebles rescatados y la memoria de un viejo taller de carpintería.

Para entender la historia del edificio hay que remontarse a los años de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra. En 1943, con la caída del régimen de Mussolini y el progresivo colapso de la Italia fascista, numerosos italianos emigraron o buscaron nuevas oportunidades fuera del país. Entre ellos se encontraba Salvatore Guido Volo, natural de Palermo, que acabaría instalándose en Las Palmas de Gran Canaria y desarrollando aquí su actividad como carpintero.

La documentación disponible sobre su figura es limitada, aunque algunas referencias apuntan a que mantuvo vínculos con círculos políticos italianos del exilio de posguerra, en un contexto marcado por las tensiones ideológicas del momento y el fuerte anticomunismo de la Europa de mediados del siglo XX.

Antes de establecerse definitivamente en Guanarteme, parece que Salvatore Guido Volo tuvo talleres en las calles Pizarro y Anzofé. Finalmente se trasladó al inmueble de la actual calle República Dominicana, cuya ficha catastral sitúa en torno a 1950, fecha que probablemente corresponda a la construcción o consolidación del edificio.

Las imágenes aéreas de Guanarteme de los años cincuenta ayudan a poner el lugar en contexto. El barrio todavía conservaba amplios vacíos urbanos, coexistiendo viviendas bajas, pequeños talleres e instalaciones industriales. Llama especialmente la atención la ausencia de la prolongación de Mesa y López, que no alcanzaría esta zona hasta décadas después, y la presencia de la desaparecida fábrica de La Cícer, entonces todavía protagonista del paisaje.

Todo apunta a que el taller de carpintería y almacén de maderas permaneció activo hasta finales del siglo XX. Después llegó un largo periodo de abandono de cerca de dos décadas, hasta que en 2018 el edificio renació convertido en el actual espacio cultural y multiusos.

La rehabilitación resulta especialmente interesante porque conserva muchos elementos del antiguo uso industrial. En la nave principal todavía sobreviven rótulos originales que señalaban dependencias como los vestuarios —hoy aseos— o el estudio técnico —convertido en cocina—, junto a avisos industriales, mobiliario recuperado y grandes sierras de cinta que recuerdan el pasado fabril del lugar. En la planta superior, antiguas oficinas albergan hoy espacios de coworking, mientras que la cubierta se ha transformado en un pequeño huerto urbano.

Talleres Palermo es un buen ejemplo de cómo recuperar patrimonio industrial sin convertirlo en una pieza de museo: manteniendo las huellas del pasado, pero dándoles un uso contemporáneo que permita que el edificio siga vivo.

Las imágenes históricas de este hilo proceden principalmente de las webs de Talleres Palermo y Polonium209; la fotografía aérea es de Grafcan y las imágenes actuales son propias. Esta entrada no está patrocinada.

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